Pocos la ven, pocos lo ven, pero lo es.
Y yo, que podía hacerla resaltar, me perdía en mi propio egoísmo de llegar a todo, y al final, a pocas cosas, encima, las menos importantes.
Qué triste es ver cómo se ignora algo tan valioso como a alguien que sólo te está pidiendo un poco de atención, una sonrisa y a veces un mensaje de texto preguntándole cómo está.
Qué antagonismo con la actual sociedad, en la que lo que se valora es lo guapo, rico y popular que eres, cuando la humildad, la belleza y la perfección están en la inocencia de esas personas invisibles.
¿Vivimos viéndonos a nosotros mismos… qué buenos somos verdad?
Las personas pasamos de largo, siempre, ante aquello en lo que deberíamos detenernos.
Tenemos la sensación que: no es problema tuyo, que otro se ocupará, que, “pobre, mala suerte” …
Es muy triste ver cómo se deteriora ante tus ojos, no una persona a la que simplemente con darle un poco de cariño le regalarías una sonrisa de 3 días ( y por consiguiente a su familia), sino toda una sociedad que ríe a carcajadas mientras otros lloran ante sus ojos. Y esto por desgracia, es extrapolable a otros ámbitos y circunstancias…
No quiero que nadie ciego llore, pero soy incapaz de reír si a mi alrededor no me siento que hice “algo” para que otro sonriese. Donde quedaría pues nuestra humanidad? ¿La diferencia con los animales cuál es entonces?
Dios nos creó con sentimientos, con empatías, con esperanzas, imperfectos todos, pero con cualidades para relacionarnos, cuidarnos y amar.
Nos dio una oportunidad de ser, de ser mejores.
Llegó el día en que, me di cuenta que algo no estaba haciendo bien. Que el tiempo te despoja sin compasión y aunque ahora quieras recuperar muchos momentos, sólo puedes crear los próximos si es que aún tienes opción. No esperes.
Me di cuenta que una sonrisa a alguien que lo necesita vale más que 3 pagas extra por aumento de productividad; que escuchar a quién no le salen las palabras del sufrimiento, vale tu reducción de jornada y sueldo. Aprendí que un abrazo, cura; que una mirada, calma; que un silencio compartido, acompaña. Que elegir tu tiempo, da vida.
Aprendí que hay que dar la vuelta a las cosas, y a los sentimientos. Que debes compadecerte del odio o la envidia, y amar. Que debes conocer, para acercar, y huir de la insensibilidad cuando se elige por decisión. Entonces solo cabe ser protagonista de una obra de teatro realista que, en algún momento, abra la fisura del corazón en la que está blindada ahora el ser humano marioneta y espectador. Camuflaje ignorante de valores basura.
Cuando daño han hecho las prisas. La pérdida de fe. No creer en nada más que en uno mismo.
Quizás yo llegué algo tarde para haber blindado el día a día de ella con momentos especiales, esperados, pero hoy estoy aquí y aún puedo hacerlo: abrir los ojos para ver a las personas que hoy son invisibles ante el mundo.
Abrir los ojos a los que realmente agradecen el cariño, la compañía y el amor brindado, sin importarles otros aspectos que no sea compartir unas sonrisas entre ellos.
Hoy te prometo que intentaré crearte momentos, dándote al menos, una sonrisa al día. Prometo cuidarte.
Prometo ser para ti, lo que yo soy para ti.