Entre el amarillo intenso y el naranja vivo del cielo consigo respirar sabiendo que un dia nuevo acontece para levantarme y volverlo a intentar.
Me enfado conmigo misma al saber que hay días en los que la tristeza me gana la lucha de disfrutar un momento.
No entiendo por qué las personas preferimos ir o actuar contra otras a intentar con la misma fuerza que la paz sea el motor de una conversación sana.
¿Por qué tendemos a unirnos para hacer daño ante reuniones de compañeros de trabajo, padres de colegio, asociaciones de vecinos…?
Si analizásemos las disputas de la simple rutina veríamos nuestra cabezonería o ceguera ignorada de romper…romper…romper…; sin embargo, en algunos momentos… pienso que no es aparentemente exceso erróneo de valentía, sino al contrario y me apena mucho…

Tras analizar en varios contextos las discusiones más insignificantes opino que hay ciertas personas que, conscientemente necesitan hacer esto para aliarse y formar batalla. No se rompe nada porque sí, se intenta hacer un equipo, ser un líder de un clan de super mamis guays, un jefe de compis dictador, o una moda de elegancia falsa donde lucirse…
Hay días en los que estoy en medio de tanta gente y me siento muy sola… No porque yo crea que sea mejor que esas otras personas que me rodean, nadie es merecedor de nada por sí mismo.
Si por nosotros tuviésemos que alcanzar perdón (¿¿ni siquiera podríamos cumplir los 10 mandamientos que Dios nos pidió, por eso tuvo que resumir a 2, sabes cuáles??…) y aun así ni siquiera los que creemos a veces sabemos si podemos actuar bien como haría Él en nuestro lugar antes estas situaciones, por eso prefiero apagarme y meditar ante cualquier conversación que pese, nacida de una inconsciente carga social de valores equivocados.
Dios, tras entregar a su Hijo, nos mandó tan sólo amarle a Él por encima de todo, y amar al prójimo como a ti mismo…
¿Tan malo sería que la gente alguna vez pensásemos en esto en todo momento? ¿No tendríamos al menos más paz en nuestro rincón del mundo si nuestras intenciones las encaminásemos a ver como con los ojos de los niños que todos somos iguales y con todos podemos jugar sanamente y reír sin ver más allá de intenciones oscuras que nuestra mente prefiere conspirar, incluso pese al bien de uno mismo?
Yo pienso que debe ser muy triste ser alguien que no ve más que ataques contra uno, personas supermolonas engreídas o miradas de críticas personales…

Prefiero pensar que hay otras que nos gusta hacer cosas porque sí; porque se necesitan; porque si yo sonrío tú sonríes; porque te ayudo sabiendo que quizás tú me ayudes a mi mañana o tal vez no, pero me gusta hacerlo; que me miras no por envidia sino con admiración; que cuando hablas bajito es que cuentas un secreto intimo no que me criticas; que cuando no me saludas, es porque no me has visto…
Prefiero invertir mi fuerza.
No me importa las veces que caeré o lo que cueste nadar contra corriente, o lo que tenga que ir aprendiendo… Cuando me ahogo en esa soledad de no entender a este mundo, y hasta a mí misma a veces, lo único que me alivia es mirar al cielo, tras el techo de las paredes de una oficina, una fiesta de amigos, una reunión social, y sentir si quién realmente sabe cómo somos por dentro, estaría contento o no.
Prefiero invertir mi fuerza en el corazón.
Quizás en ocasiones andes sola aquí pero no olvides que no lo estás. Quien te acompaña es la mejor compañía.