Nos sentimos tan perdidos que ni las palabras en un intento de desahogo pueden acercarse a nuestro sentir.
Solo quedan las miradas y en ocasiones lágrimas invisibles, las que pueden denotar que ese algo tan profundo es imposible de concebir en fonemas.
Las personas estamos muy lejos de la felicidad. Puede ser que ocultemos los vacíos en bienes materiales, amistades aceptables o bloqueando buscar en la espiritualidad lo que ciertamente estamos haciendo aquí.
Opino que el miedo nos ha llevado a realidades selectivas bajo una memoria tergiversada de nosotros mismos sobre lienzos que hemos pintado con los colores que queríamos aparentar o que nos hubiese gustado ser. Y mantener eso tiene un precio imposible de pagar.
La verdadera conciencia aturde. Destruye. Anula.
Cuando quisiéramos focalizar toda esa percepción en ofrecer de nosotros más de lo humanamente posible, nos devastaría porque daría a conocer nuestros límites imperfectos. Nuestra vulnerabilidad al saber que no podemos solos. Que realmente debe a toda lógica existir algo más grande que el hombre.
Hoy se han acabado las fotografías cálidas de abrazos sin más, palabras dulces, familias que se buscan, niños que juegan en las calles sin peligros… Hoy todo es distancia. Estar y sentirse lejos de todo; pero sobre todo de Dios.
El declive de nuestra ceguera moral acelera a toda velocidad y no nos damos cuenta de cuánto valemos para Aquél que nos creó.
Podemos ser más y mejores, pero nos da miedo nadar contra corriente.
¿Nos hemos parado a pensar qué ganaríamos? ¿O preferimos no perder todo aquello que crea parches ficticios a los vacíos de sentimientos que nombraba al inicio? ¿Vale la pena dejar de preguntarse el porqué de las cosas y resignarse a creernos todo lo que nos dicen? Indaguemos por nuestro bien; y cuando acabemos de estudiar nuestra duda llegaremos a la conclusión de nuestra pobreza y del porqué no somos fruto de una explosión de moléculas al azar.
Aunque se supone que es más cómodo creer estas teorías que otras más argumentadas por diferentes autores en miles de años entre si, con una coherencia cronológica y conexión de acontecimientos que preferimos no verificar por comodidad, elección de ignorancia o miedo a creer. La religión quizás te aburre, ¿pero realmente sabes que es sentir Fe?
Si en una balanza analizásemos lo que nos haría realmente feliz, se crearía el vínculo perfecto entre Dios y el Hombre, pues su único mandato fue amarle y amarnos los unos a los otros. ¿Tan malo seria creer en ese Dios? Tu contestación está en encender la televisión y ver 2 minutos de noticias al día o saber observar cuando pasees por la calle.