Aprendí que hay marcas más difíciles de borrar que las que se ven en la piel.
Que hay heridas tan profundas que nunca llegan a sanar.
Aprendí que de nada vale justificar algo ante la ignorancia o ceguera de las personas.
Que debes hacer lo correcto siempre, y que sólo Dios se encargará de darte las respuestas.
Aprendí que la Vida, es la suma de muchas partes, y que el dolor se calma, aunque permanezca siempre. Es nuestro privilegio tener que seguir caminando a pesar de las llagas.
Puede que tus lagrimas no sean visibles ante el mundo, pero nunca olvides que el mundo no merece que te duelan más por su causa. Intenta curarlas con aquellas personas que sin juzgar, están a tu lado. Intenta ver sólo tus bendiciones, no permitas la misma ceguera que tienen aquellos que te dañan.
Tú eres capaz de ver diferente, de volar, de confiar, de restablecer, aún cuando todos lo dan por perdido o aportan restando.
No tengas miedo. Puedes.