Yo no me considero una persona excepcional, ni nadie que sea mejor, o más especial.
Doy gracias cada día, intento pedir perdón si sé que lastimo sin querer, o incluso a veces, sin lastimar, por si acaso…
Y aunque las personas no lo aprecien, sé que Dios sí y eso es suficiente.
Y sigo haciéndolo sin anotarlo como deuda, porque si confiase en que alguien lo valorará, me hundiría con la espera.
Una sociedad que sólo está creyendo en su propia evolución y conciencia, acaba dividida por su egoísmo.
Mira hacia arriba, aunque duela el presente, porque a tu alrededor no encontrarás consuelo.
Busca y valora cada bendición que sí tienes, y las que no puedes ver pero sientes que están.
Cree en aquello que mañana seguirá siendo firme pilar en tu vida; las personas sólo son débiles refuerzos en un contexto temporal que cuando acaban de obtener lo que puedes darles, se despiden justificados por sus propios motivos subjetivos sin importarles tu soledad física o emocional.
Busca hacer el bien, pero sin que ese bien se convierta en conveniencia subyugada del otro, porque destruye a quién lo intenta dar todo, siendo el arma que hiere, el egoísmo de la otra parte.
Apóyate en tu fe. Lucha. Levanta.
Lucha, levanta, y sigue teniendo fe.
Sólo así lo conseguirás.