Quizás, nos rompieron nuestras cadenas externas para abrir los ojos y pensar por nosotros mismos; decidir cómo y en qué invertir nuestro tiempo, encerrados en unos metros cuadrados de libertades infinitas.

Si nos hubiesen anunciado tiempo atrás que podríamos ser dueños de nuestros relojes, algunos, nos hubiésemos llenado de cosas por hacer, bricolaje, cursos, metas a largo plazo, olvidándonos de lo que realmente teníamos que cuidar.

Cuando miramos al lado, los que tenemos la gran bendición de estar confinados con nuestros seres queridos como hijos, padres mayorcitos, hermanos… y vemos cuánta soledad e irresponsabilidad hay en esta sociedad… deberíamos dar gracias solamente por eso, por pasar este tiempo junto a ellos, cuidándonos. Es lo fácil de ésta historia llamada Covid19.

Nos pararon en seco una rutina impuesta por carreras, desquicios, incontrolables deberes a veces autoimpuestos y otras obligadas metas inhumanas. Íbamos mirando con gran rapidez lo que podíamos, hacia los lados, detrás, delante, izquierda, derecha, pero a corta y larga distancia….  Queríamos parar y no sabíamos cómo, porque ni siquiera nos dábamos cuenta de cuán rápido estaba pasando nuestra vida, y aunque sí lo notásemos, seguíamos como ignorantes, corriendo sin pausa… y de golpe: nos detuvimos todos. Mundialmente.

No veíamos el hoy, a las personas que todavía cogen tu mano y son cálidas, porque están aquí, ahora, a tu lado. A tus hijos que crecen sin darte cuenta, y a tus mayores que se apagan poco a poco…

Para de nuevo.

Respira, deja de leer, piensa en todo lo que tienes, en lo que puedes perder de pronto  y siente. ¿Cómo vas a apreciarlo? Como vas a crear recuerdos que mañana, cuando haya otro contexto, puedan permanecer en el único rincón seguro de tu vida, que es tu corazón?

Quizás este virus nos sacó de una realidad absurda para despertar en otra en la que somos quienes elegimos nuestra propia razón de ser, aprovechemos esta segunda oportunidad.

Y hay hogares duros en los que viven este espacio y tiempo, hay quienes lo que les falta es alimento, o salud, hay quienes no tengan ni hogar, hay quienes no tienen ni paz rodeados de miedos…

Es fácil hablar fuera de esos traumáticas situaciones, aunque provoquen dolor e impotencia,  por eso no puedo sugerir en ellos salvo que oremos por todas esas personas que darían lo que fuese por haber pasado todos estos días, como los que mayormente se quejan por no poder de nuevo entrar en la rutina de ideologías que solamente te distancian de lo que realmente tienes que apreciar, las personas pilares de tu vida y el porqué y para qué estás aquí tú hoy. Y créeme que no es para servirte a ti mismo.

Y estamos viendo solidaridad… confiemos que no sea pasajera y que recordemos siempre la dureza por las que pasaron algunas personas (sanitarios, fuerzas de seguridad, trabajadores de todo tipo con sinfín de horas ilimitadas trabajadas para que el sistema no se colapse…) mientras otras sólo se quejaban de no poder hacer botellón o de llevar mascarilla… 

Elijamos en qué tipo de personan queremos reactivarnos cuando de nuevo salgamos a la calle, porque quizás en el próximo virus seas tú el desamparado.