Sobrevives cuando anulas el corazón, la llaga, y amortiguas el recuerdo.

Hay días en los que te levantas acordándote de que no olvidas.

Hay días en los que te levantas recordando qué o quienes ya no están.

La nostalgia es tal que hasta ya no duele, 

La nostalgia se anula cuando el tiempo la aplasta.

El tiempo borra la negación, pero precisa demasiado de sí mismo, demasiado para insensibilizar.

A veces, hasta una vida entera.

Insensibiliza sí, pero no siempre y a ratos dormidos.

Hace más de 10 años que te fuiste, y todavía noto tu abrazo.

Hace más de 10 años que te fuiste, y de pronto, y sólo algunas veces ya, 

mis lágrimas no se callan.

Puedo arreglar tus flores, pese a que no te hagan nada.

Elijo arreglar tus flores, para que adornen tu nombre y el mundo sepa, cuánto te amo.

Te amo, y me da igual si el mundo lo sabe o te olvida, yo no lo haré.

Esos días en que sabes que hay un sentimiento asfixiante inconmensurable 

y debes bloquearlo, 

son los días que sobrevives.

Sobrevives cuando anulas el corazón, la llaga, y amortiguas el recuerdo.

Sobrevives cuando encuentras bendición, incluso en el momento de la partida.

Bendición porque me aferré al último segundo a tu lado.

Pude estar cogiendo tu mano, 

pude oír tu último latido, 

pude acallar mi aterrorizada angustia apoyándome en tu amor, 

Pude darte mi compañía, mi promesa perenne. 

Te fuiste demasiado pronto, pero aún te tengo conmigo.

Te fuiste demasiado pronto, pero siempre es pronto cuando hay amor.

Hoy, considera una bendición estar al lado de quién amas cuando ya debe marchar.

No puedo prometerte que dolerá menos, pero sólo sé que sobrevivirás.

Hoy, pese a que despidas a quien amas, tal vez, sin poder estar a su lado, 

Considera que debió marchar.

Puedo prometerte que dolerá mucho, pero sólo sé que sobrevivirás.

Sobrevives cuando encuentras bendición, incluso en la partida.

Bendición de haber tenido a ese alguien en tu vida.

Sobrevives cuando anulas el corazón, la llaga, y amortiguas el recuerdo.

Dosifica, quédate con lo bueno, es lo único que cura.

Sobrevives a la aceptación, e incluso al recuerdo, a ratos dormido.

Nunca sobrevivirás si olvidas.

Olvidar anulará la lección de amar, de lo que te dio cuando estaba imborrable y de saber aprovechar cada momento.

Olvidar anularía qué sentido tiene la despedida, y el dolor con el que te refuerzas cada día.

La despedida duele, si te importa.

Te importa, porque amas.

Amar, es una bendición.

El tiempo en que nos bendijo ese amor, lo eliges tú.

No olvides.

Si mantienes su recuerdo, aunque calles su dolor, vivirá su amor.

Hoy, incluso te nombra tu nieto pequeño, aunque nunca pudo conocerte.

A días siento, otros días recuerdo, pero me niego a silenciarte, 

Pese a que duela tanto, y a ratos dormidos.

Pude darte mi compañía, mi promesa perenne.

Te fuiste, pero sigues aquí.

Sobrevives cuando anulas el corazón, la llaga y amortiguas el recuerdo.

Sobrevives cuando sigues amando, pese a que duela, y a ratos dormida.